Ganarse la vida jugando con la muerte

Ya hace años de aquellos viajes, casi seguidos, a la Costa da Morte gallega. Pero sólo ahora, mientras ordeno mis fotos, comienzo también a poner orden entre notas y recuerdos.

Los percebeiros de Corme (A Coruña, Galicia) juegan con la muerte para ganarse la vida. No crea nadie que se trata de exagerarlo para darle más dramatismo. Desgraciadamente es literal.

Percebeiro en el Faro Roncudo (A Coruña, Galicia)
Percebeiro trabajando en el faro de Roncudo (Corme, A Coruña) © Alberto Alonso 2010

Los acompañamos cada mañana mientras trabajan. Largas caminatas por estrechos senderos; empinadas pendientes para descender entre los acantilados; observar el mar desde lo alto, mientras amanece, para decidir si merece la pena jugarse el tipo ese día o sale más a cuenta volverse a casa y renunciar a las ventas (y al consiguiente cobro) de esa jornada.

Recuerdo cómo me llamó la atención aquella especie de baile, donde cada paso ha de estar medido porque el traspiés puede significar la muerte. El ritmo lo marcan las olas. Una danza ritual, cara a cara, entre la inmensa insignificancia del hombre y la implacable furia del mar.

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Percebeiros trabajando al amanecer en Corme (A Coruña) © Alberto Alonso 2010

 

Ganarse la vida jugando con la muerte

Sobre Larrain, su carta y la fotografía

” [El fotógrafo], al igual que cualquier escritor, es un mundo que señala una minúscula parte del universo que pasaría desapercibida si, al mismo tiempo que convence al lector para que se detenga a mirar, no tejiera una tela de araña donde atraparlo.”

Domenico CHIAPPE, Tan real como la ficción

Me permito modificar ligeramente la cita de Domenico Chiappe. Donde él nos habla del periodista, yo creo que no hay ningún problema en poner fotógrafo.

Hace ya seis años que decidí transcribir la carta que Sergio Larrain envió a su sobrino con una serie de consejos para poder comenzar a andar en esto de la fotografía. Hace casi cuatro años que decidí dejar morir de inanición este blog. Y aquí estoy, sorprendido ante el constante peregrinar de cientos de lectores, que mensualmente siguen entrando en este humilde blog a fin de leerla. Así que, sin saber muy bien por qué, me he visto obligado a seguir manteniéndolo vivo.

La foto, como dice Chiappe, es en sí, “un mundo que señala una minúscula parte del universo”. El fotógrafo, siguiendo la cita, lo único que intenta es llamar la atención sobre ese fragmento infinitesimal, encuadrarlo, extraerlo del caos para presentarlo aislado. Pero, una fotografía ha de ser mucho más. Exige que en torno a ella se teja “una tela de araña” donde atrapar al espectador. Una historia. Un “algo” que resuena en cada uno de nosotros, que nos mantenga inmóviles ante la imagen.

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A la entrada del Pozu Candín en sus últimos meses de explotación (Langreo, Asturias) © Alberto Alonso 2012

Sobre Larrain, su carta y la fotografía

Sergio Larrain o qué es la fotografía

Hace ya un tiempo Sergio Larrain, genial fotógrafo de la agencia Magnum, decidió escribir una carta a su sobrino Sebastián Donoso que, por aquel entonces (1982), estaba intentando dar sus primeros pasos en el mundo de la fotografía. Os transcribo la carta porque considero que es un buen reflejo de qué es o cómo veo yo la fotografía. Espero que os pueda ser útil.

Sergio Larrain
(c) Sergio Larrain - Magnum photos

“Miércoles. Lo primero de todo es tener una máquina que a uno le guste, la que más le guste a uno, porque se trata de estar contento con el cuerpo, con lo que uno tiene en las manos y el instrumento es clave para el que hace un oficio, y que sea el mínimo, lo indispensable y nada más. Segundo, tener una ampliadora a su gusto, la más rica y simple posible (en 35 mm. la más chica que fabrica LEITZ es la mejor, te dura para toda la vida).

El juego es partir a la aventura, como un velero, soltar velas. Ir a Valparaiso, o a Chiloé, por las calles todo el día, vagar y vagar por partes desconocidas, y sentarse cuando uno está cansado bajo un árbol, comprar un plátano o unos panes y así tomar un tren, ir a una parte que a uno le tinque, y mirar, dibujar también, y mirar. Salirse del mundo conocido, entrar en lo que nunca has visto, DEJARSE LLEVAR por el gusto, mucho ir de una parte a otra, por donde te vaya tincando. De a poco vas encontrando cosas y te van viniendo imágenes, como apariciones las tomas.

Luego que has vuelto a la casa, revelas, copias y empiezas a mirar lo que has pescado, todos los peces, y los pones con su scotch al muro, los copias en hojitas tamaño postal y los miras. Después empiezas a jugar con las L, a buscar cortes, a encuadrar, y vas aprendiendo composición, geometría. Van encuadrando perfecto con las L y amplias lo que has encuadrado y lo dejas en la pared. Así vas mirando, para ir viendo. Cuando se te hace seguro que una foto es mala, al canasto al tiro. La mejor las subes un poco más alto en la pared, al final guardas las buenas y nada más (guardar lo mediocre te estanca en lo mediocre). En el tope nada más lo que se guarda, todo lo demás se bota, porque uno carga en la psiquis todo lo que retiene.

Luego haces gimnasia, te entretienes en otras cosas y no te preocupas más. Empiezas a mirar el trabajo de otros fotógrafos y a buscar lo bueno en todo lo que encuentres: libros, revistas, etc. y sacas lo mejor, y si puedes recortar, sacas lo bueno y lo vas pegando en la pared al lado de lo tuyo, y si no puedes recortar, abres el libro o las revistas en las páginas de las cosas buenas y lo dejas abierto en exposición. Luego lo dejas semanas, meses, mientras te dé, uno se demora mucho en ver, pero poco a poco se te va entregando el secreto y vas viendo lo que es bueno y la profundidad de cada cosa.

Sigues viviendo tranquilo, dibujas un poco, sales a pasear y nunca fuerces la salida a tomar fotos, por que se pierde la poesía, la vida que ello tiene se enferma, es como forzar el amor o la amistad, no se puede. Cuando te vuelva a nacer, puede partir en otro viaje, otro vagabundeo: a Puerto Aguirre, puedes bajar el Baker a caballo hasta los ventisqueros desde Aysén; Valparaiso siempre es una maravilla, es perderse en la magia, perderse unos días dándose vueltas por los cerros y calles y durmiendo en el saco de dormir en algún lado en la noche, y muy metido en la realidad, como nadando bajo el agua, que nada te distrae, nada convencional. Te dejas llevar por las alpargatas lentito, como si estuvieras curado por el gusto de mirar, canturreando, y lo que vaya apareciendo lo vas fotografiando ya con más cuidado, algo has aprendido a componer y recortar, ya lo haces con la máquina, y así se sigue, se llena de peces la carreta y vuelves a casa. Aprendes foco, diafragma, primer plano, saturación, velocidad, etc. aprendes a jugar con la máquina y sus posibilidades, y vas juntando poesía (lo tuyo y lo de otros), toma todo lo bueno que encuentres, bueno de los otros. Hazte una colección de cosas óptimas, un museito en una carpeta.

Sigue lo que es tu gusto y nada más. No le creas más que a tu gusto, tu eres la vida y la vida es la que se escoge. Lo que no te guste a ti, no lo veas, no sirve. Tu eres el único criterio, pero ve de todos los demás. Vas aprendiendo, cuando tengas una foto realmente buena, las amplias, haces una pequeña exposición o un librito, lo mandas a empastar y con eso vas estableciendo un piso, al mostrarla te ubicas de lo que son, según lo veas frente a los demás, ahí lo sientes. Hacer una exposición es dar algo, como dar de comer, es bueno para los demás que se les muestre algo hecho con trabajo y gusto. No es lucirse uno, hace bien, es sano para todos y a ti te hace bien porque te va chequeando.

Bueno, con esto tienes para comenzar. Es mucho vagabundeo, estar sentado debajo de un árbol en cualquier parte. Es un andar solo por el universo. Uno nuevamente empieza a mirar, el mundo convencional te pone un biombo, hay que salir de él durante el período de fotografía.”

Sergio Larrain o qué es la fotografía